Latitud / Longitud:   Tejiendo  tramas.   Tramando  historias.

 

Tina Escaja | Merche Bautista | Bren Alvarez

 

EDELO: Galería de Arte Experimental y Residencia Internacional de Diversas Prácticas

Julio 2011

 

Latitud/Longitud consiste en una propuesta multidisciplinaria de tres artistas que elaboran en torno al encuentro y el testimonio, en una imbricación de historias que conforman un tejido colectivo de conexiones y resistencias. Se trata de un proyecto visual, digital, fundamentalmente humano y poético, que busca reflexionar sobre identidades y geografías. “Espacios que se tejen; urdimbre común que sana.”

 

Bren Álvarez, arquitecta de profesión, crea en la galería espacios que reticulan a modo de un laberinto de “instantáneas,” palabra que sirve de clave unitaria a grandes fotografías de personas en ubicaciones comunes: la sala de una casa, la nieve entre las manos de un niño, la devota mirada del batería de una banda de música a su musa, acaso la cantante del grupo. El o la visitante deambula por las instantáneas y se pierde entre sus largos muros de papel translúcido, adivinando historias que aparecen explicadas en las paredes continuas. Y es acaso un ejercicio de la imaginación y un juego determinar si el niño es aquel que fue traído por la narradora desde Ecuador y se niega a ponerse el abrigo en el durísimo frío del norte, y acaso el devoto batería del grupo de música no es otro que un emigrado inglés de padres acaudalados y rígida educación británica, cuya resistencia y vuelo lo constituye el acto mismo de tocar. Y hay otras historias, todas hermosas y cautivantes, trágicas muchas veces, que van enlazando orígenes en un mapa de ubicaciones dispersas: Lhasa, Berlín, Barcelona, La Habana, Oaxaca, pero de un mismo destino: Burlington, Vermont (EEUU). Latitud/Longitud, dos parámetros que especifican la arbitrariedad del ser y sus desplazamientos, acaso forzados, acaso elegidos, que coinciden en un punto de inflexión en el norte. La voz de Bren, quien explica las historias transidas de su propio sentimiento, sin afán de transcripción alguna, resulta poética e intrigante, deteniéndose casi siempre en un momento, en una instantánea precisa de una historia contada: el niño que mira cautivado a su padre tocar el tambor en el escenario; la cajera en el supermercado, arquitecta en su tierra, interesada por las vicisitudes del cliente de forma insólitamente genuina, desajustando la prisa de la narradora en hipnótica suspensión. Historias que fueron traducidas por Tina Escaja de su original en inglés, escapando en la traición del lenguaje acaso las piruetas discursivas de la magnífica pluma de Bren Alvarez.

 

Merche Bautista indaga en la espiritualidad maya y el lirismo de la propia identidad a través de huipiles-poemas, de video-poemas, de grandes tejidos que se imponen en la galería y te increpan con su frenesí de notas bordadas, de calaveras de un detalle insólito de flores, un estallido visual y vaginal cuyo centro es la fisura, la puerta precisa acaso a un lado-otro por el que la creadora te invita a insertarte de forma literal o tangencial, con la imaginación. Pasar al otro lado; indagarte, reinscribirte, volver a nacer. Las opciones son infinitas y fluidas, como las palabras-hupiles-poemas que seducen con su letanía de sanación y encuentro: “Bordar alma / Chuuy Pixán.” Y un canto de fondo a través de un video-poema que te acompaña en ese viaje: “Yo soy mujer alma. / Yo soy mujer corazón. / Mi cuerpo abierto al cielo… / Yo soy mujer lluvia. / Yo soy mujer agua. / Yo soy mujer viento / Visto este poema.” El testimonio maya de mujeres que se presenta en otro de sus video-poemas forma parte de la imbricación del bordado, de la invitación al encuentro y a la resistencia: “Somos libres, somos libres de ir a donde queramos . . . A pedir libertad.” Invocación para bordar alma, desde un espíritu dispuesto y que la autora reconoce nómada. Originariamente de España, Merche Bautista reside en México y aquí se reconoce y habita, fluctúa entre tradiciones, palabras y encuentros que sus espectaculares huipiles afirman: la invocación es colectiva, interactiva, de abrazo. Las palabras se leen en función del que los mira y las recorre, haciéndose poeta e imbricándose con el poema-ropa, con el poema-huipil. Yo he escuchado a visitantes de la galería leerse entre huipiles, cantarse y contarse en palabras y tejidos: “Danzar / con pasos de arena / todas las orillas.” El segmento de Merche Bautista en Latitud / Longitud se convierte así en ritual y en vuelo, de un intenso lirismo visual

 

Tina Escaja indaga en las lunas, que son trece, “13 lunas 13,” como trece son las lunas del calendario lunar, mensual, menstrual. De hecho, ambos conceptos, luna y periodo menstrual, se afirman en multitud de lenguas: mes, luna, menstruación, mantienen su raíz común. Pero menstruar se asocia también con la impureza, con la negación y la enfermedad. Lo que rituales primigenios enfatizaban como encuentro esencial con la creación por el acto de menstruar, se transfirió a rituales de exclusión. La mujer que menstrúa mancha, contamina, es impura. La instalación “13 lunas 13,” que forma parte de un proyecto más amplio que incorpora vídeo, poesía, testimonio, arte digital, cuestiona esa exclusión, busca la reflexión sobre una realidad escondida y considerada “criminal,” como la describe una de las entrevistadas en el vídeo homónimo: el acto de esconder la sangre, de lavar secretamente los trapos o paños en prácticas no tan lejanas y todavía habituales en multitud de comunidades, “como si hubieras cometido un crimen.” Esconderla, esconderte, la vergüenza de sangrar. En la galería EDELO, un “confesionario” invita a la reflexión y al testimonio por medio de un programa interactivo. El espacio del confesionario es deliberado; implica una ruptura, la inserción en un discurso, en este caso el católico, que deliberadamente excluye y margina, reivindicándolo acaso como espacio para la reflexión. Entrar en el confesionario constituye un acto de resistencia, y al mismo tiempo una reivindicación y una búsqueda. Recuperar tradiciones, insertarse en el discurso hegemónico, quebrar el silencio, reivindicar la realidad de generaciones de mujeres y de hombres frente al tabú de la sangre. En el espacio sideral en el que se sitúa el imponente confesionario, cuyas paredes-ventanas flotantes con registros góticos fueron impresas por Bren Álvarez, también se encuentran dos poemas. Uno de ellos aparece flotando a modo de objeto-planeta, acaso luna, en el que para leer el poema tienes que introducirte, “vestirte” con él. Se trata de una crinolina donde se encuentra bordado el poema “Éste es mi cáliz.”: “Este es mi cáliz / que contiene el fruto de la vida, la savia de la muerte / cíclica y pendular…” El bordado del poema de Tina Escaja fue realizado por Merche Bautista. Desde la entraña del poema, se puede observar la entrada también roja del confesionario y sus registros góticos. El segundo poema, dividido en tres partes con imágenes vinculadas con la sangre menstrual (escritos sobre compresas con fondo en rojo; la sangre en el azul de una bañera; coágulos tras los versos del último segmento), se titula “Luna de sangre; Menstruum Universale.” Ambos poemas forman parte del poemario homónimo del proyecto, “13 lunas 13.”

 

Por último, la proyección de los vídeos de estas tres autoras enfatiza la unidad de sus reflexiones poéticas, artísticas, testimoniales. Latitud /Longitud apela entonces al encuentro, a la reflexión sobre la identidad propia y de todos, en un tejido común y solidario.

 

Tina Escaja, Galería EDELO, julio 2011.